
Conduzco, de forma automática, con media neurona, la chica charla animada, pero yo estoy algo distraído, apenas logro evitar un par de silencios, pero a ella no parece incomodarle. Sin darme cuenta he aparcado delante de una tasquita donde un amigo de una amiga (no hay tiempo de explicarlo) ejerce de sumiller, cocinero, psicólogo y confidente de lo mas canalla de lo selecto o de lo mas selecto de la canalla de esta ciudad.
Camina delante de mí y el vuelo de su vestido atrae mi mirada como el engaño al toro, mis ojos siguen el suave bamboleo de sus caderas, con esa cadencia sugerente que da la elegancia natural. Unas sonrisas de presentación, un rincón en la barra, el amigo de mi amiga, entre sonrisas de complicidad y miradas debajo del vestido nos trae, sin preguntar, sauternes con foie.¿que se habrá creído este?
La luz del anochecer ilumina su melena, la de su sonrisa enciende mi y sus ojos se baten con los míos en un duelo que ninguno quiere ganar, ni perder. Su conversación es agradable, es divertida, es sensual, es hora de irse me digo. Nos despedimos, las sonrisas de complicidad del amigo de mi amiga se han convertido en un discreto brindis, mezcla de envidia y admiración a partes iguales.
Salimos a la noche, nos acercamos al coche ¿la beso? Con la mirada ya la he besado, el primer beso no se da con la boca, se da con los ojos.
Camina delante de mí y el vuelo de su vestido atrae mi mirada como el engaño al toro, mis ojos siguen el suave bamboleo de sus caderas, con esa cadencia sugerente que da la elegancia natural. Unas sonrisas de presentación, un rincón en la barra, el amigo de mi amiga, entre sonrisas de complicidad y miradas debajo del vestido nos trae, sin preguntar, sauternes con foie.¿que se habrá creído este?
La luz del anochecer ilumina su melena, la de su sonrisa enciende mi y sus ojos se baten con los míos en un duelo que ninguno quiere ganar, ni perder. Su conversación es agradable, es divertida, es sensual, es hora de irse me digo. Nos despedimos, las sonrisas de complicidad del amigo de mi amiga se han convertido en un discreto brindis, mezcla de envidia y admiración a partes iguales.
Salimos a la noche, nos acercamos al coche ¿la beso? Con la mirada ya la he besado, el primer beso no se da con la boca, se da con los ojos.


