martes, 4 de noviembre de 2008

Otoño


Diga lo que diga la astronomía, no es otoño hasta que no hay castañas, de niño era uno de esos rituales que recuerdas y mantienes toda la vida. Para los santos, castañas, mi tía Carmen, viuda sin hijos de luto perpetuo, personaje mas que persona, era la encargada del puntual suministro. Mas adelante, con algún intervalo adolescente, tomó el relevo mi suegra, desafiando dietas y regimenes, hoy me las he comprado yo, quizá eso explique muchas cosas, pero ahora voy a comerme unas castañas y ya pensaré en ello.


El otoño es la estación de las cosechas de, por ejemplo, el maíz y el girasol. En literatura el otoño, en sentido figurado, representa la vejez. Durante el otoño, las hojas de los árboles caducos cambian y su color verde se vuelve amarillento y amarronado, hasta que se secan y caen ayudadas por el viento que sopla con mayor fuerza. La temperatura comienza a ser un poco fría, pero todavía salen días de solecito que resultan de lo más agradable.

El otoño, una estación con el encanto de lo decadente, con el sabor de la madurez, tiempo de transición. Una vez, una noche de otoño cualquiera muchos años ha, no recuerdo si acabando la segunda botella o empezando la tercera, una vieja amiga me dijo que el otoño es una mujer con pasado y un hombre futuro.
“In vino veritas”.

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