
(Batallita autobiográfica reflejo de hechos acaecidos en el poniente peninsular allá por el mes de noviembre, escrito la noche de autos, en la fria madrugada extremeña)
Curioso título para una cenita de compañeros, como si una cena de compañeros tuviera algo que contar pienso, claro, en realidad nada significativo.
Cruzamos al país vecino a un lugar conocido por lo bueno y barato de sus frutos del mar. Los bichos con patas, excelentes, los comentarios femeninos, no tienen precio.
Comenzando por "nunca me he comido una almeja tan jugosa, asi da gusto.."(
sic), siguiendo por aquello de "esto es muy pequeño, yo no me he enterado, me gustan mas grandes..", hasta el clásico de "a mi lo que me gusta es chupar la cabeza...", solo pongo los mas comedidos, soy de natural moderado. Creo basta con un botón para hacerse una idea del ambiente, cachondillo e reidor, lúdico erótico y etílico que se respiraba.
Con todo esto la cena transcurría, ya se sabe, vinos, risas, cachondeo, femenilmente liderado pues la mayor parte de los varones, con alguna honrosa excepción a parte de quien escribe, estaban mas bien retraídos, por decirlo de manera elegante.
Cenaban a nuestro lado una pareja, a la que no hicimos mucho caso, mozo recio el, leona rubia ella, indígenas del lugar, moderados de tono y libaciones que abandonó el lugar al comenzar nosotros los postres.
Cuando salimos caía una sueve llovizna, de hecho esta nos había acompañado toda la velada pero no lo habiamos notado, refugiado bajo la marquesina del lugar, aparentemente chateando por el móvil vimos un agente de las fuerzas de seguridad locales. Salto la alarma, el sitio este es famoso, seguro que el agente está avisando de que salimos y habrá control de alcoholemia en el siguiente cruce. El personal se estaba desinflando un poco.
Como no podía ser de otra manera, la hembra Alfa del grupo, colocándose la delantera y agitando la melena suelta un: "si nos paran dejadmelo a mi, que seguro que no me multan...". Así que entre risas y acongojes varios, abadonamos el lugar e iniciamos plácidamente el regreso, sin novedad, hasta el siguiente cruce.
Cruce decorado con el vehículo uniformado y el caballero del lado oscuro que nos da el alto con el sable laser, mientras detengo el halcón milenario se paran las risas, una calma tensa se apodera del vehículo, busco mi cartera, levanto la vista, bajo la ventanilla y cruzo miradas con el agente de la autoridad que saluda educadamente, giro la cabeza hacia la hembra Alfa del grupo, que se encoge al mismo ritmo que se pone colorada.
Compongo una media sonrisa nerviosa, soy un chico timido, me suelto el cinturón y requiero la documentación de la nave mientras me apeo. El agente de la autoridad, en este caso, tiene la voz ligeramente ronca, la mirada azul y la forma de una leona rubia indígena, las armas de mujer de mi compañera se han quedado en su funda. En el interior de la nave se oía hasta el tic -tac del reloj digital mientras yo mantenía unos minutos de charla, al principo formal, tensa, luego relajada incluso cordial con la uniformada.
Afortunadamente uno, en su modestia, también tiene sus recursos y sabe usar sus armas, (¿de hombre?) así que al final seguimos camino, sin soplido pero con resoplidos, carcajadas y los puntos y la cartera intacta.
He dicho.
PS. Me faltó pedirle el numero de teléfono, pero mi proverbial prudencia y el hecho de que como conducía había bebido muy poco, me aconsejaron mejor "no meneallo"