Aceptar nuestras fortalezas y debilidades.
Sentirnos seguros de ser como somos. Solemos perder mucho tiempo comparándonos con los demás y deseando ser algo que no somos. Todo el mundo tiene sus propias fortalezas y debilidades, y sólo cuando aceptamos todo lo que somos, y todo lo que no somos, somos capaces de convertirnos en lo que realmente somos capaces de ser.
Defendernos a nosotros mismos, no nacemos para ser perfectos, nacemos para ser reales. Somos como somos, cada uno no podemos ser más que quien somos. No hay que dejar que nadie nos juzgue, menos sin conocernos, ni que nadie nos subestime sin habernos desafiado antes (ir por ahí juzgando y desafiando no suele ser buena idea).
Lo de aprender de los demás y seguir adelante cuando haya que hacerlo. No debemos sentarnos a esperar que la gente cambie o aceptamos quienes son o empezamos a vivir nuestra vida sin ellos. Las cosas suelen empezar y terminar pero eso no significa que nunca deberían haber sido. Vivimos, aprendimos, crecimos (yo ahora a lo ancho) y seguimos adelante. Algunas personas y situaciones llegan a nuestra vida como bendiciones, mientras que otras llegan como lecciones.
La honestidad no es un valor en alza, aunque nosotros lo seamos el resto del mundo no lo es. La credibilidad se construye siendo honesto, honrando la palabra dada, diciendo lo siento (Cuando uno piense que procede). No hay que subestimar el poder de una caricia amorosa una palabra amable o un cumplido honesto. (Estos son los que funcionan de verdad)
No nos agobiemos por estar un poco incómodos, todo puede cambiar en un momento, amistades, carreras etc. Lo de salir de la zona de confort debe estar bien, a los que no hemos conseguido entrar no nos preocupa mucho.
Solo tenemos una vida (dejemos lo de la religión para otro día) y nos toca lo que nos toca. (Que yo no tengo ni idea de averiguar esto) Lo que sí sabemos es que nadie camina con nuestros zapatos, seguimos a nuestro corazón y empleamos nuestro cerebro (no soy el más indicado para decir nada de esto) no intentemos vivir una vida de otro, seamos nosotros mismos y no nos importe que le moleste a alguien.
Y no hay que rendirse, al menos no en lo que importa. No importa cuántas veces caigamos, importa cuántas nos volvemos a levantar. Nunca es tarde, seguimos adelante y seguimos aprendiendo, con discreción y con una voluntad inquebrantable.