Porque nada hay secreto que no llegue a descubrirse ni nada oculto que no llegue a conocerse. Mateo 10
No estoy muy inspirado últimamente, serán los nervios del regreso, será que llevo mucho tiempo fuera o será mi estúpido sentido de la lealtad a lo que me cuentan. Porque últimamente me siguen contando cosas que quizá, no deberían.
La primavera, la ausencia, el vértigo del retorno y las correspondientes celebraciones sueltan la boca del personal, mantengo la obligada reserva, pero hay una cosa que me dejó un poco fuera de juego. En ese momento de confesiones inconfesables, trascendentales reflexiones intrascendentes, y emociones a flor de piel, cuando ya casi no es ni tarde, se produjo la siguiente conversación entre una compi de copas y este que relata:
- Cada uno tenemos nuestros propios fantasmas. (póngase ese puntito de voz entre ronco y pastoso que dan las copas)
Me dice ella con los ojos ya desenfocaditos, yo queriendo despejar a corner, sin pensar mucho (ya no aguanto el alcohol como antes)
.
- Por eso dios inventó la Ginebra.
Ella, intentando enfocar sus ojos en los mios
- Y un cabrón como tu el Gin-Tonic.
A la mañana siguiente, un rato después en realidad, las gafas mas oscuras fracasando en un día luminoso, la prensa dando por saco. Y mi dolor de cabeza y yo pensando que me habían echado un piropo, o no.
PS. El Gin&Tonic no lo inventé yo, aunque se me da bien, lo hicieron hace siglo y medio los colegas ingleses en la India (que tampoco eran cabrones ni ná)