
En realidad el segundo trabajo de Hércules. Debía matar a la hidra de Lerna; un monstruo con cuerpo de serpiente, garras de dragón y dorso cubierto con duras escamas, y tenía siete cabezas, cuyas siete bocas vomitaban fuego y azufre. Una de las cabezas tenía láminas de oro y se decía que era inmortal.
Hércules le cortó una cabeza pero ésta se regeneró y la sangre que manaba al caer al suelo se convertía en escorpiones y serpientes.
Hércules le pidió a su sobrino que prendiera fuego al bosque más cercano y le pidió que trajera tizones llameantes que aplicó a las heridas abiertas en los cuellos de la bestia para que así no salieran más cabezas. Al final quedó la cabeza de oro que con un espadazo cortó e inmediatamente la enterró bajo una inmensa roca para impedirle retoñar.
Un trabajo de esos que al mismo ritmo, al menos, que vas solucionando, van surgiendo nuevos retos, nuesvos problemas. Ha sido todo un desfío, no convenientemente reconocido, pero no importa, he salido triunfante.
Al igual que Hércules en su segundo trabajo no ha sido la fuerza herculea lo que ha inclinado la balanza a mi favor si no el conseguir la ayuda de su sobrino. Mi mérito no ha sido trabajar duro, que lo he hecho, mi mérito ha sido escoger a las personas adecuadas para los trabajos adecuados.
Mientras escribo esto viene a mi cabeza algo que leí hace tiempo, que una batalla debe estar ganada antes empezarla, creo que del "Arte de la guerra" Sung Tzu.
Y digo yo, somos capaces de hacer esto en el trabajo y en la vida diaria, en las relaciones personales, nos embarcamos en batallas de incierto resultado.
Las relaciones personales, las sexuales como parte de ellas, son un asunto de importancia vital para la persona; un asunto de vida o muerte, el camino hacia la supervivencia o la destrucción, a la felicidad o la infelicidad. Por lo tanto, es imperativo estudiarlas profundamente.
Pero no lo hacemos, las convertimos en un canto a la naturalidad y la espontaneidad. Olvidamos que ninguna batalla se ha ganado naturamente y ninguna obra de arte ha surgido espontaneamente.
(continunaré)